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Encolado del papel

Encolado del papel


El encolado del papel es un proceso necesario si se quiere que sea apto para escribir con tinta, no para usar lápiz u otra materia seca, puesto que su absorción es excesiva. Aunque hubo países y épocas en las no se utilizó, y más aún con la llegada de la imprenta. Sin embargo, muchas veces no se considera papel propiamente dicho hasta que no se le aplica el apresto y, sobre todo, se bruñe.


El apresto se prepara a partir de la cocción de pieles, cartílagos, huesos, etc. de animales, normalmente pequeños mamíferos, excluido el cerdo, que daba un excesivo color amarillo a la cola animal.


Podemos ver en el grabado todo el proceso, no sólo del encolado, sino el de la fabricación misma de la cola animal. Para su producción es necesaria una gran caldera en la que se sumerge la carnaza. Se usa para ello un canastillo que permite escurrir el agua e impide que se pegue al fondo de la caldera. Una polea ayuda a introducir los retales y sacar el canastillo sin que los trozos se desmenucen una vez cocidos. El agua de la cocción se filtra a otra caldera con un lienzo de cáñamo o lino tupido.


El aguacola del apresto se prepara en una caldera denominada mojador o humedecedora. Los pliegos que un aprendiz va bajando del mirador los coge el maestro de sala en pequeños mazos, que hay que abrir por los extremos o entrecubrir para que la cola penetre de manera homogénea. Para ello usa unos pequeños listones que le permiten también sujetar el mazo para sumergirlo en el mojador.


Encolado el papel, se lleva a la prensa para eliminar el exceso de apresto y evitar que luego el papel se quede pegado. La cola se recoge aprovechando un canalillo cercano que la lleva a un cubeto.