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Bruñido del papel

Bruñido del papel


El bruñido del papel es un proceso amplio en el que no sólo se da lustre al papel, sino que se limpia y, sobre todo, se selecciona y ordena según su clase.


Una vez recogido del mirador, el maestro de sala lo aplana y lo prensa unas doce horas, se golpea luego para separar bien los pliegos que han podido quedar unidos por el apresto y se vuelven a prensar otras doce horas.


Pasa entonces a alisarse, labor que realizan normalmente mujeres, las bruñidoras, que trabajan de pie frente a una mesa en la que disponen el papel sobre una gamuza que amortigua la dureza de la mesa. Utilizan un bruñidor o lisa, piedra de sílex o pedernal achaflanada para dar las pasadas necesarias por el papel hasta darle lustre.


Tras ser bruñido, las escogedoras examinan el papel al trasluz para advertir sus posibles defectos, eliminan suciedades adheridas y ordenar el papel según su clase.


Posteriormente, las contadoras comprueban esta primera clasificación del papel y lo reúnen también por clases, en manos de veinte a veinticinco pliegos, hasta formar las resmas. Por último, el maestro de sala vuelve a comprobar el papel y se procede a fretarlo, es decir, a eliminar sus barbas. Es entonces cuando se realiza otro prensado, se colocan las costeras o papel defectuoso por encima y por debajo de la resma y se apunta el tipo de papel, su clase y fabricante en una de ellas. Ya embalado, se almacena hasta que llegue el momento del transporte para su venta.