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Las pilas holandesas

Las pilas holandesas


En 1670 los holandeses idearon una “máquina refinadora de cilindros” que revolucionó la manufactura papelera a finales del s. XVIII y que hoy conocemos como pila holandesa. Estas pilas eliminaron el movimiento de los mazos y el pudridero e incorporaron la fuerza de vapor o los motores y otros procesos complementarios a la trituración de los trapos, llegándose a utilizar por la industria papelera hasta mediados del siglo XX.


En sus inicios la fuerza hidráulica siguió siendo la impulsora del movimiento, pero la multiplicación de las ruedas y engranajes hizo que el molino pudiera trabajar con más velocidad y potencia. Estas pilas suministraban en seis horas la misma cantidad de pasta de papel que un molino de mazos con cinco pilas en 24 horas, produciendo además una pulpa más blanca.


La pila holandesa está formada por un cilindro rotatorio que mueve los trapos o pulpa alrededor del perímetro de la cuba, haciéndolos pasar entre el cilindro y una platina de forma que los corta, tritura o deslíe. Las primeras eran de madera de roble o encina, forradas con plomo y con forma redondeada en sus extremos.


La cuba presenta en el medio una tabla que la divide longitudinalmente en dos zonas comunicadas para que se mueva el agua y los trapos. De esta manera, en uno de los lados se sitúa el cilindro rotatorio sobre dos planos inclinados, uno de entrada de los trapos y otro de caída hacia el fondo de la cuba, después de pasar por una platina que ayuda a cortar y desmenuzar el trapo. El cilindro se cubre con una capota para eliminar las salpicaduras. Normalmente hay tres pilas que cumplen la misma función que las de los mazos, la de deshilachar donde se corta el trapo, la de afinar donde se tritura y reduce a pulpa y la de desleír o florear que mantiene homogénea la mezcla.